La reciente acción militar unilateral de los Estados Unidos de América contra objetivos en la República Bolivariana de Venezuela no puede entenderse como un episodio aislado. Se trata, en realidad, de la reactivación de una rivalidad histórica marcada por intereses energéticos, control geopolítico y disputas de poder que se han acumulado durante décadas.
Venezuela no es un país más en el tablero internacional. Posee una de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, concentradas principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco, una riqueza estratégica que ha sido, paradójicamente, su mayor fortaleza y su principal vulnerabilidad.
El petróleo: el corazón del conflicto
Durante gran parte del siglo XX, Venezuela fue un proveedor clave de crudo para Estados Unidos, bajo un esquema de cooperación que garantizaba estabilidad energética al norte y recursos al sur. Sin embargo, el viraje político iniciado a finales de los años noventa transformó radicalmente esa relación.
La decisión del Estado venezolano de reafirmar el control soberano sobre sus recursos energéticos, fortalecer a PDVSA como empresa estatal y diversificar sus alianzas internacionales, fue leída por Washington como una amenaza directa a sus intereses estratégicos en el hemisferio occidental.
Desde entonces, el petróleo dejó de ser solo un recurso económico para convertirse en un instrumento de presión política, sanciones financieras y aislamiento internacional.
Sanciones, asfixia económica y desgaste interno
Las sanciones impuestas a Venezuela durante los últimos años han tenido un doble objetivo:
- Debilitar la capacidad financiera del Estado venezolano, especialmente su sector energético.
- Provocar un desgaste interno que facilitara un cambio político favorable a los intereses estadounidenses.
Este esquema ha impactado severamente a la población civil, reduciendo ingresos, acceso a tecnología, refacciones, inversiones y mercados internacionales, sin lograr, hasta ahora, una recomposición política alineada a Washington.
Ante ese escenario, la acción militar se interpreta como un escalón más en una estrategia de presión progresiva, donde el uso de la fuerza aparece cuando las sanciones y el aislamiento no producen los resultados esperados.
Geopolítica regional: el control del Caribe y Sudamérica
Venezuela ocupa una posición geoestratégica clave: conecta Sudamérica con el Caribe, posee salida directa a rutas marítimas fundamentales y se ubica en una zona históricamente considerada por Estados Unidos como parte de su área natural de influencia.
Permitir que un país con ese peso energético y territorial mantenga una política exterior independiente, con vínculos fuera de la órbita estadounidense, desafía el equilibrio regional tradicional que Washington ha buscado preservar.
Por ello, el conflicto no es únicamente con el gobierno venezolano, sino con la idea misma de soberanía energética y autonomía política en América Latina.
El discurso de seguridad: narcotráfico y criminalización política
En los últimos años, el argumento de la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado o el terrorismo ha sido utilizado como marco discursivo para justificar acciones unilaterales.
Este enfoque permite criminalizar a actores políticos, erosionar su legitimidad internacional y abrir la puerta a intervenciones directas o indirectas, sin necesidad de aval multilateral.
El riesgo es evidente: convertir señalamientos unilaterales en permisos de intervención, debilitando el derecho internacional y sentando precedentes peligrosos para toda la región.
América Latina frente al espejo
Lo ocurrido en Venezuela resuena en toda América Latina.
La región observa con preocupación cómo resurgen prácticas que parecían superadas:
Uso de la fuerza sin consenso internacional
Desprecio por los mecanismos multilaterales
Prioridad de intereses económicos sobre la estabilidad regional
Para países como México, que defienden la no intervención y la solución pacífica de controversias, este escenario obliga a reafirmar principios, no solo por solidaridad, sino por autoprotección soberana.
No es Venezuela, es el modelo
El trasfondo de esta acción no es únicamente Venezuela ni su gobierno en turno. Es la disputa por quién controla los recursos estratégicos, quién define las reglas del juego y quién decide el destino de las naciones ricas en bienes naturales.
El petróleo sigue siendo poder. Y Venezuela, con su riqueza energética, continúa siendo un punto de tensión entre dos visiones opuestas:
La del dominio y la imposición.
Y la de la soberanía y la autodeterminación.
En ese choque, lo que está en juego no es solo un país, sino el futuro del equilibrio regional en América Latina.
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*NOTA REDACTADA EXCLUSIVAMENTE A TÍTULO PERSONAL DE GRACIELA BRAVATA*

