Durante la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dio a conocer un posicionamiento del Estado mexicano, compartido con otros países del continente, en el que México reafirma su rechazo absoluto a cualquier forma de intervención en los asuntos internos de otras naciones y defiende la soberanía y la autodeterminación de los pueblos como principios irrenunciables.
El pronunciamiento se emitió a raíz de los hechos recientes en Venezuela, donde una acción directa del gobierno de Estados Unidos derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, así como en la pérdida de vidas humanas. Frente a este escenario, México sostuvo que la experiencia histórica de América Latina demuestra que la intervención externa no ha generado democracia, bienestar ni estabilidad duradera.
La presidenta subrayó que la posición mexicana no es nueva ni circunstancial, sino parte de una tradición diplomática histórica y constitucional, alineada con el derecho internacional y con el principio del respeto a la soberanía, la integridad territorial y la libre determinación de los pueblos.
En su mensaje, Sheinbaum planteó una visión distinta para el continente americano: una ruta basada en la cooperación y no en la imposición. Para ello, enumeró cinco ejes fundamentales: respeto pleno a la soberanía de cada nación; inversión productiva orientada al desarrollo; integración económica regional con cadenas productivas compartidas y comercio justo; bienestar social como eje central del crecimiento; y diálogo permanente entre iguales como base de la estabilidad hemisférica.
México dejó claro que América no pertenece a ninguna doctrina ni a ninguna potencia, sino a los pueblos que la conforman. En ese marco, la mandataria evocó principios históricos de la democracia y del respeto entre naciones como fundamentos éticos de la convivencia internacional en el siglo XXI.
En materia de seguridad, la presidenta explicó que México mantiene un entendimiento con Estados Unidos para combatir al narcotráfico y la delincuencia organizada, basado en el respeto a la soberanía, la responsabilidad compartida y la confianza mutua. Destacó resultados como la reducción significativa del homicidio doloso, el aseguramiento de grandes volúmenes de drogas y la extradición de delincuentes, al tiempo que señaló que la violencia también tiene causas externas, como el tráfico ilegal de armas y el alto consumo de drogas en el país vecino.
Sheinbaum insistió en que México coopera por razones humanitarias y de seguridad regional, particularmente para evitar que drogas como el fentanilo lleguen a la juventud, pero recalcó que dicha cooperación no implica subordinación ni aceptación de intervenciones.
El posicionamiento cerró con un mensaje contundente: en México manda el pueblo y el país es libre, independiente y soberano. La cooperación internacional es bienvenida, pero la intervención y la subordinación no tienen cabida.
Este posicionamiento coloca a México en una postura de firmeza diplomática en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y reacomodos de poder. La presidenta Claudia Sheinbaum no solo reactualiza el principio histórico de no intervención, sino que lo amplía al proponer un modelo alternativo de integración continental centrado en el desarrollo, la justicia social y el respeto mutuo.
El mensaje trasciende el caso venezolano y se convierte en una señal política hacia toda la región: la estabilidad no se construye con acciones unilaterales ni con el uso de la fuerza, sino con inversión, cooperación y diálogo entre naciones soberanas. Al mismo tiempo, el enfoque de responsabilidad compartida en seguridad envía una advertencia clara a Estados Unidos: el combate a la violencia y a las drogas exige corresponsabilidad real, no imposiciones.
En conjunto, el discurso perfila a México como un actor que busca equilibrio entre soberanía y cooperación, con una política exterior humanista, firme y congruente con su historia, pero consciente de los desafíos globales del presente.
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Grace Bravata (FOH)

