El Estadio Olímpico Universitario fue testigo de un suceso sin precedentes en la historia del Club Universidad. En el arranque de la Jornada 1 del Clausura 2026, los Pumas saltaron a la cancha para enfrentar a Querétaro con una alineación compuesta exclusivamente por jugadores formados fuera de sus fuerzas básicas, marcando un punto de quiebre en la identidad institucional del equipo.
Bajo las órdenes de Efraín Juárez, el conjunto universitario presentó un cuadro titular plagado de figuras internacionales y fichajes del mercado local, dejando en el banquillo la tradicional confianza en la \»Cantera\».
Surgió un debate entre la afición y la prensa sobre la condición de Rodrigo López. Si bien el mediocampista tuvo un paso inicial por Pumas a los 13 años, su proceso formativo se consolidó lejos de las instalaciones de Cantera.
López abandonó el club en 2017 para integrarse a Lobos BUAP y, posteriormente, pasó casi siete años en las categorías inferiores de Querétaro, club donde finalmente debutó en la Primera División. Su regreso a Pumas a los 24 años se dio como una contratación externa, tras haberse forjado profesionalmente en la institución de los Gallos Blancos.
Para la segunda mitad, el cuerpo técnico intentó ajustar el funcionamiento del equipo permitiendo el ingreso de Santiago López y Jorge Ruvalcaba. Ambos futbolistas sí cumplen con el rigor de haber realizado su formación íntegra en la estructura de Pumas; sin embargo, su participación desde la banca no impidió que se consumara el dato estadístico: por primera vez, el silbatazo inicial en CU sonó sin un solo \»Hecho en Pumas\» en el terreno de juego.
Este acontecimiento reaviva la discusión sobre la pérdida de esencia de un club que, históricamente, se rigió por la filosofía de dar prioridad a sus jóvenes talentos por encima de las contrataciones externas.
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