La 98ª edición de los Óscar se celebra en un clima de fuerte tensión internacional, marcado por la escalada bélica en Irán, la creciente polarización geopolítica y las polémicas reformas migratorias impulsadas por la Casa Blanca.
Tras el silencio de los Globos de Oro, con una gala tibia y sosegada, la gala de los mayores premios del cine espera recuperar su carácter reivindicativo en un hervidero de expectativas donde el glamour parece haber cedido su protagonismo a la urgencia de posicionarse ante el divisivo y complejo contexto político.
Aunque las organizaciones de premios suelen optar por el silencio institucional para evitar represalias, la presión individual es la que suele forzar a que se usen los espacios para la reivindicación política.
En los últimos meses, el activismo por parte de personalidades de Hollywood ha ido cobrando forma en las alfombras rojas con el pin ‘ICE Out‘, con el que los artistas se han posicionado contra las deportaciones masivas del Gobierno de Donald Trump.
El movimiento surgió en pleno estallido de las protestas en Estados Unidos tras la muerte de la activista Renée Good en Minneapolis a manos de agentes federales, un suceso que ha unificado a la comunidad artística contra la violencia migratoria.
También ha habido protestas silenciosas en los últimos años en favor de Palestina, con los pines rojos ‘Artists4Ceasefire‘, simbolizando el apoyo al cese al fuego y la entrega de ayuda humanitaria en la región.
FOH

