El fiscal general del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, informó que el ataque armado en Teotihuacán no fue espontáneo y que el agresor actuó sin la participación de otras personas.
Detalló que el responsable portaba una mochila con un arma calibre .38 especial, 52 cartuchos útiles, documentos personales, boletos de autobús, un teléfono y material escrito relacionado con hechos violentos ocurridos en la masacre de 1999 en Columbine, Estados Unidos.
De acuerdo con el fiscal, estos elementos apuntan a un patrón de imitación de ataques previos. Entre los objetos asegurados se encontraron manuscritos y literatura alusiva a ese caso, lo que forma parte de las líneas de investigación sobre el perfil del agresor y sus motivaciones.
Durante “La Mañanera” de este martes, el fiscal general del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, explicó que el arma utilizada, una Smith & Wesson .38 Special, no pudo ser rastreada debido a su antigüedad, al tratarse de un modelo fabricado antes de finales de la década de 1960, lo que impide ubicar su origen en los registros disponibles.
En ese mismo sentido, informó que se solicitó apoyo a la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) de Estados Unidos para intentar establecer su procedencia. Sin embargo, la revisión no arrojó resultados, ya que el sistema de registro vigente inicia en 1968, lo que deja fuera este tipo de armamento y limita las líneas de investigación sobre su circulación.
“Como indicios relevantes y del material asegurado al perpetrador, además del arma y otra arma punzocortante, hay una mochila con 52 cartuchos útiles de calibre 38 especial en una bolsa de plástico\», dijo.
“Entre sus pertenencias también destaco una credencial del INE, un celular análogo, boletos de autobús, una mochila tipo táctica, literatura, imágenes y manuscritos presuntamente relacionados con hechos violentos que pudieron haber sucedido en Estados Unidos en abril de 1999”, detalló el fiscal.
Cervantes Martínez agregó que las características del arma y la cantidad de municiones utilizadas sugieren que el agresor tuvo la posibilidad de recargar, al menos, en dos ocasiones durante el ataque. Este elemento, de acuerdo con la investigación, refuerza la hipótesis de que el tirador mantuvo capacidad operativa para prolongar la agresión, lo que forma parte del análisis sobre la forma en que se desarrollaron los hechos y el nivel de preparación previo.
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