«Hasta que la muerte los separe», es una frase que restituye la esperanza en el amor imperecedero, en ese deseo de trascendencia en pareja y en el ideal platónico del ser como mitad que busca su complemento. Sin embargo, «Hasta que la muerte los separe» puede resultar lapidario para la conservación del sexo como acto transgresor, como acción que desobedece y es motivo de infracción, ya que el matrimonio —cuna de la sentencia dicha— lo legitima y normaliza. El sexo requiere el delito para sostener lo erótico del actuar. Sin transgresión, el sexo es coito y apareamiento. Brillat-Savarin, gourmant del siglo XIX, escribió —refiriéndose a la gastronomía— que los animales pastan, pero los hombres saben comer. Parafraseándolo, diríamos que los animales copulan, pero los hombres saben coger, con toda la carga semántica y consecuencias de este último verbo.
La transgresión como eslabón que anilla lo sexual con lo erótico fue presentado por el sitio de pornografía Pornhub, que en el 2019 realizó una producción titulada «El video más sucio del mundo». Pornhub relacionó lo transgresor con lo moralmente sucio para generar likes. Pero la suciedad transgresora que ofertaba el sitio web era de otro orden: en el video se mostraba a una pareja teniendo sexo explícito en plena playa, nada sorprendente, pero la violación a la natura sobreviene al observar que todo el paraje costero está atestado de basura. Las carnes se estrujan cerca de las botellas de plástico, las bolsas de nylon y las aves atrapadas en la inmundicia. Pornhub juega con la palabra «sucio» («dirty») en su doble acepción, como algo mugriento o descuidado y como algo moralmente señalado, siendo —consecuentemente— eróticamente apetecible. La idea era parte de una campaña para crear conciencia de la contaminación en las playas y mares. Así que entre los manoseos, los dedos inquietos, los hurgueteos, las embutidas y las lamidas que los dos cuerpos del video se propinan, personal con overoles epidemiológicos recogen la basura desperdigada, indiferentes al acto lascivo frente a ellos; una visión de corte surrealista que le añade una pincelada de exhibicionismo y voyerismo a la —de por sí— bizarra escena.
De esta manera, la playa inmunda de Pornhub es vil y simultáneamente erótica. La escena es sucia, pero no por el desperdicio esparcido o el mero sexo mostrado (la intención original), sino por la irreverencia del acto transgresor, un festín de cuerpos colmados de crapulencia revolcándose en la obscenidad del capital —devenido en basura—, ejemplo de un consumismo obsceno.
El usuario del porno —sabiendo que entre más transgresor sea el contenido este resulta más erótico— muerde el anzuelo de Pornhub esperando ver «un poco más» de lo que comúnmente se oferta. El video logra conectar con la voluptuosidad y reafirma el requerimiento transgresor como una de las condiciones que posibilitan el erotismo: el éxito de la campaña se sostiene en la promesa de suciedad/transgresión.
Jugando con la idea que el buen sexo debe ser transgresor, el cineasta Woody Allen dijo que el sexo es sucio solo si se hace bien. Y por ello el sexo entre animales no es sucio, pues los animales no transgreden, copulan. La esfera erótica requiere transgresión y lo transgresor solo está en el actuar humano.
Por: Alejandro Ahumada
