La solidaridad volvió a convertirse en una de las principales herramientas de la diplomacia mexicana. En respuesta a la emergencia provocada por los sismos registrados el 24 de junio, el Gobierno de México envió un amplio contingente de ayuda humanitaria a Venezuela, el país que sufrió las mayores afectaciones de una jornada sísmica que también impactó a otras dos naciones de la región.
La misión partió desde la Base Aérea Militar de Santa Lucía integrada por 261 elementos especializados del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, acompañados por médicos, enfermeros, rescatistas y 18 binomios caninos entrenados para la localización de personas atrapadas entre estructuras colapsadas. El apoyo incluye además toneladas de equipo de rescate, herramientas e insumos médicos, mientras que un segundo vuelo transportará medicamentos y material adicional para fortalecer las labores de auxilio.
Más allá del envío de personal y suministros, la acción representa un mensaje de cooperación regional en un momento en que América Latina enfrenta fenómenos naturales cada vez más intensos y frecuentes. Los recientes movimientos telúricos recordaron que, frente a los desastres, las fronteras pasan a segundo plano y la ayuda humanitaria se convierte en un compromiso compartido entre las naciones.


Durante la conferencia matutina de este jueves, la presidenta Claudia Sheinbaum explicó que esta es una primera etapa del apoyo mexicano. Señaló que, una vez que el contingente establezca contacto con las autoridades venezolanas y se conozca con mayor precisión la magnitud de los daños, se evaluará la posibilidad de reforzar la asistencia con nuevos recursos humanos y materiales.
México mantiene así una tradición de política exterior basada en la cooperación, la asistencia humanitaria y la hermandad entre los pueblos latinoamericanos, especialmente en momentos donde la naturaleza pone a prueba la capacidad de respuesta y la unidad de la región.
En tiempos de incertidumbre, la ayuda no solo se mide en toneladas de equipo o en el número de rescatistas desplegados, sino también en la voluntad de tender la mano a quienes más lo necesitan. Ese principio vuelve a colocar a México como un país que entiende que la solidaridad también es una forma de construir paz y fortalecer los lazos entre las naciones.
Graciela Bravata

