La industria cinematográfica centra su atención en una nueva producción de época que explora la intimidad de una de las figuras literarias más relevantes de la historia occidental. La directora Chloé Zhao presenta en la pantalla grande la adaptación de la novela de la autora irlandesa Maggie O’Farrell, centrada en la tragedia doméstica que precede a la creación de una obra teatral icónica.
El largometraje Hamnet, protagonizado por Jessie Buckley y Paul Mescal, llega a las salas argentinas el próximo jueves 22 de enero.

La trama real detrás de Hamnet
La historia pone el foco en Agnes, nombre que la escritora utiliza para Anne Hathaway, la pareja de William Shakespeare. La narrativa se aleja de la biografía estricta y llena los vacíos históricos mediante la imaginación. La autora reivindica a esta mujer, a menudo ignorada o menospreciada por los biógrafos, y la presenta como una figura fuerte, herbolaria experta y sostén del hogar.
“Esta novela es el resultado de mis vanas especulaciones”, advierte la autora en el texto original sobre su método creativo.
Los registros históricos confirman pocos datos sobre la vida privada del autor. William Shakespeare, de 18 años, se casó en 1582 con Anne Hathaway, de 26, quien estaba embarazada de su primera hija. Tuvieron tres descendientes: Susanna y los mellizos Judith y Hamnet. La ficción busca revertir la imagen negativa de la esposa. O’Farrell explicó a BBC Mundo su motivación: “Me distraje un poco al ver lo mal que la historia y la academia trataron a la esposa de Shakespeare, la mujer a la que nos enseñaron a llamar Anne Hathaway. En realidad, solo se nos ofreció una única narrativa sobre ella (…) que era una campesina analfabeta que lo atrapó para casarse con él”.
Jo Eldridge Carney, experta en la obra del dramaturgo, valida el enfoque de la novela: “Este retrato es un repudio deliberado a siglos de suposiciones infundadas sobre Anne, ya sea como una santa paciente pero aburrida que mantenía encendido el fuego del hogar en Stratford, o como la arpía promiscua que atrajo con engaños a Shakespeare a un matrimonio miserable”.

El conflicto central gira en torno a la muerte de Hamnet en 1596, probablemente a causa de la peste. La teoría principal, sostenida previamente por James Joyce en Ulises y por el crítico Harold Bloom, sugiere una conexión directa entre el fallecimiento del niño y la escritura de Hamlet, estrenada unos cuatro años después.
El film indaga en el modo en que el artista utiliza su oficio para procesar el duelo. En la pantalla, el actor que interpreta al príncipe de Dinamarca guarda un parecido físico notable con el niño fallecido. Juan Villoro, en su ensayo El rey duerme, aporta una visión sobre este mecanismo: “La obra revierte la tragedia filial: el hijo sufre la inesperada muerte del padre”.
El equipo creativo y el elenco
La película cuenta con el respaldo de productores de peso como Steven Spielberg y Sam Mendes. El guion lleva la firma de la propia O’Farrell junto a la realizadora Zhao, ganadora del Oscar por Nomadland. La crítica destaca la labor de Jessie Buckley en el rol de Agnes y de Paul Mescal como William Shakespeare. La actuación de Buckley le valió una nominación en los premios de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood.
La producción se inscribe en un momento de gran visibilidad para la literatura de Irlanda, con antecedentes recientes como The Quiet Girl, basada en el texto de Claire Keegan, o la serie Normal People, inspirada en el libro de Sally Rooney. La banda sonora pertenece a Max Richter, compositor reconocido por sus trabajos en La amiga estupenda y The Leftovers.

La adaptación cinematográfica construye un sistema de reflejos entre las personas reales y las criaturas de ficción. Agnes comparte rasgos con Ofelia, al sufrir el abandono y el cuestionamiento de su cordura. O’Farrell imagina que William Shakespeare recurrió a los saberes de su esposa para escribir pasajes célebres como el monólogo de las flores de la joven danesa.
La madre de Agnes, Joan, aparece retratada con características similares a la reina Gertrudis: una mujer narcisista interesada en el estatus social. El joven William Shakespeare carga con el peso de los errores financieros de su padre, situación que lo asemeja al príncipe en su conflicto con la figura paterna. Al interpretar al fantasma del rey en la obra dentro de la ficción, el autor logra una despedida imposible en la realidad. Como señala el análisis de la BBC, “no hay manera de saber si nada de esto es cierto”, pero la película ofrece una verdad emocional sobre la pérdida y la creación.

