Robert Duvall, quien murió a los 95 años de edad, fue un actor que amó su oficio a lo largo de sus seis décadas en activo, una pasión que se evidencia en papeles icónicos como el del ‘consigliere’ Tom Hagen de ‘El Padrino‘ o el teniente coronel Bill Kilgore de ‘Apocalypse Now’, celebrada hoy por admiradores de todo el mundo.
Su viuda, Luciana Duvall, informó de la muerte del artista estadounidense en su hogar de Middleburg, Virginia, en paz y rodeado de sus familiares, y fue la primera en destacar que se ha ido no solo su marido desde hace dos décadas, sino “uno de los mejores actores de nuestro tiempo”, ganador del Óscar, cineasta y narrador de historias.
Su pasión por su oficio solo era comparable a su profundo amor por los personajes, una comida exquisita y su capacidad para conquistar el corazón”, dijo la viuda en un comunicado en Facebook, en el que asegura que “lo dio todo” por esos roles y por la “esencia humana que representaban”, y por eso deja a su público “algo duradero e inolvidable”.
La carrera profesional de Robert Duvall (San Diego, 1931) es ejemplo de pasión, talento y constancia. Después de unos inicios marcados por una extensa carrera sobre las tablas, su salto a la televisión y después al cine llevó a este actor a interpretar papeles que forman parte de la historia del audiovisual.
Prueba de ello son las frases legendarias de sus personajes en dos películas de Francis Ford Coppola, que han pasado a formar parte del imaginario colectivo y la cultura contemporánea, como “Me encanta el olor a napalm por las mañanas”, pronunciado por Bill Kilgore en ‘Apocalypse Now’ (1979), o “Al señor Corleone le gusta saber las malas noticias temprano”, por Tom Hagen en ‘El Padrino’ (1972), papel que repitió en ‘El Padrino II’ (1974).
Duvall debutó en el cine formando parte del reparto de la película “Matar a un ruiseñor” (Robert Mulligan, 1962) y no paró de trabajar en cine y televisión durante la década de los 60, pero fue su papel en la primera entrega de ‘El Padrino’ lo que le lanzó a la fama internacional y le mereció su primera nominación al Óscar.
A partir de su interpretación en la saga mafiosa, Duvall se convirtió en estrella de Hollywood y no dejó de trabajar. Repitió con Francis Ford Coppola, sumando hasta un total de cinco títulos, pero su único Óscar llegó con el papel protagonista en la película dirigida por Bruce Beresford, “Tender Mercies (Gracias y favores)” de 1983.
En esa cinta, Duvall daba vida al personaje de Mac Sledge, un vagabundo que antes había sido un famoso cantante de country y que encuentra cobijo en el entorno de una madre viuda que vive en el desierto de Texas, y para cuyo papel el actor exigió por contrato cantar con su propia voz.
En una de sus últimas entrevistas, con USA Today, reconoció que quisiera olvidar algunos papeles, pero se enorgullecía del de Gus McCrae en la miniserie ‘Lonesome Dove’, momento en el que aprovechó para defender el género ‘western’ como un tesoro de EE.UU. y afirmó: “Supongo que ese es parte de mi legado que pervivirá durante un tiempo”.
Con una filmografía extensa y variada, donde los títulos fueron mejor o peor recibidos por la crítica pero su interpretación nunca cuestionada, Duvall se convirtió en uno de los actores más sólidos y respetados del cine, pero pocos conocían que entre sus aficiones estaba el baile, y en concreto el tango, que descubrió en un espectáculo de Nueva York.

