El Enfermedad de Parkinson es una afección progresiva del sistema nervioso central que puede pasar desapercibida en sus primeras etapas, ya que síntomas como temblores leves, rigidez o lentitud suelen confundirse con el cansancio o la edad.
De acuerdo con el Instituto de Salud para el Bienestar, este padecimiento se origina por la pérdida de células cerebrales encargadas de producir dopamina, sustancia fundamental para el control del movimiento, así como para funciones relacionadas con la afectividad y la regulación del organismo.
La disminución de dopamina provoca alteraciones en la movilidad, consideradas características de la enfermedad. Este trastorno suele manifestarse entre la cuarta y sexta década de vida, según la Secretaría de Salud.
Entre los principales síntomas motores destacan el temblor en reposo —especialmente en manos, brazos o piernas—, la rigidez muscular, la lentitud de movimientos (bradicinesia), así como problemas de equilibrio y coordinación, además de cambios en el tono de voz.
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En cuanto a los síntomas no motores, se pueden presentar trastornos del sueño, depresión, ansiedad, pérdida del olfato, fatiga y alteraciones cognitivas, los cuales también impactan en la calidad de vida de los pacientes.
Aunque no existe una causa única, el Parkinson está asociado a la degeneración de neuronas productoras de dopamina. Entre los factores de riesgo se encuentran la edad avanzada, antecedentes familiares, factores genéticos y la exposición a toxinas ambientales.
El Organización Mundial de la Salud estableció el 11 de abril como el Día Mundial del Parkinson, en conmemoración del nacimiento de James Parkinson, quien describió la enfermedad en 1817.
Especialistas coinciden en que detectar los primeros signos permite iniciar tratamientos que, si bien no curan la enfermedad, ayudan a controlar sus síntomas y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.
(WCLS)
