El mandato del primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa su mayor crisis política desde su llegada al poder en julio de 2024, tras la publicación de nuevos documentos relacionados con Jeffrey Epstein por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos el pasado 30 de enero.
La información revelada reactivó el escrutinio sobre Peter Mandelson, histórico operador del Partido Laborista, a quien Starmer designó como embajador en Washington en 2024, pese a su conocida relación personal con el financiero estadounidense, fallecido en 2019.
Mandelson fue destituido en septiembre pasado, luego de que se hicieran públicos correos electrónicos que evidenciaban una relación más estrecha con Epstein. Sin embargo, el nuevo paquete de documentos difundido en enero amplió las acusaciones: durante la crisis financiera de 2009-2010, Mandelson habría compartido información gubernamental confidencial y sensible para los mercados con Epstein, lo que detonó una investigación policial en el Reino Unido por posible mala conducta en el ejercicio de cargos públicos.
Aunque Mandelson ha negado cualquier conducta sexual inapropiada, el impacto político recayó directamente en Starmer, quien autorizó su nombramiento. El primer ministro afirmó haber sido engañado, calificó la conducta de su exembajador como “vergonzosa” y ofreció disculpas públicas por “haber creído en sus mentiras”.
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La crisis derivó en una cascada de renuncias. El jefe de gabinete, Morgan McSweeney, dimitió el 8 de febrero, al reconocer que el nombramiento de Mandelson fue un error. Un día después, presentó su renuncia el director de comunicaciones, Tim Allan.
El golpe político más fuerte llegó cuando el líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, pidió públicamente la dimisión de Starmer al afirmar que “el liderazgo en Downing Street tiene que cambiar”. Esta postura se enmarca en el contexto de las elecciones escocesas de mayo y el desplome del Partido Laborista en las encuestas nacionales, donde ya aparece por detrás de Reform UK, el partido liderado por Nigel Farage.
Desde el gabinete se ha intentado contener la crisis. El viceprimer ministro David Lammy llamó a no perder el rumbo del gobierno, mientras que la parlamentaria Angela Rayner expresó su respaldo a Starmer. En contraste, la líder conservadora Kemi Badenoch arremetió contra el primer ministro al compararlo con “una bolsa de plástico al viento”.
La inestabilidad política también impactó a los mercados financieros. El rendimiento del bono británico a 10 años subió 0.07 puntos porcentuales, ubicándose en 4.58%, ante la preocupación de que un eventual sucesor más alineado a la izquierda relaje la disciplina fiscal del gobierno.
Pese a la presión, Starmer aún mantiene margen político. El Partido Laborista cuenta con 404 de los 650 escaños en el Parlamento, y un proceso interno para sustituir al líder del partido —y, por ende, al primer ministro— requiere el respaldo mínimo de 81 parlamentarios laboristas, umbral que hasta ahora no se ha alcanzado.
(WCLS)

