La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para mediados de 2026 supondrá un nuevo estrés para la logística mexicana por la incertidumbre arancelaria, la posible modificación de reglas de origen y un mayor escrutinio documental en cruces fronterizos, advirtió Luis Masse, vicepresidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Comercio Exterior (IMECE).
Masse señaló que, aunque la revisión formal se ubica en la mitad del año, desde agosto y septiembre del año pasado comenzaron consultas en los tres países y el ‘Cuarto de junto‘ ya trabaja en el tema, por lo que la industria logística se mantiene atenta ante impactos en los flujos comerciales.
Entre los factores que elevan el riesgo, el también vocero de The Logistics World mencionó un entorno de “incertidumbre arancelaria” con gravámenes en sectores como acero, aluminio y cobre, así como impuestos a automóviles, tractocamiones y camiones, en un contexto en el que el sector automotriz resulta especialmente sensible por su peso exportador.
El experto anticipó que uno de los ejes de la revisión volverá a ser la regla de origen.
Recordó que en la transición del TLCAN al T-MEC el contenido regional en vehículos subió de 62.5 % a 75 %, y sostuvo que cualquier nuevo ajuste obligaría a reconfigurar cadenas de suministro y de valor para mantener la certificación y el acceso preferencial al mercado más grande del mundo.
En su diagnóstico, el reto no es solo cumplir porcentajes, sino encontrar proveedores en la región para componentes clave —como motor, tren motriz o chasis— que hoy se abastecen fuera de Norteamérica, lo que, dijo, se vincula con la estrategia estadounidense de “reshoring” o retorno de capacidades productivas.
A la par, Masse prevé que el proceso derive en más revisiones exhaustivas y exigencias de “cumplimiento documental al 100 %”, lo que puede reducir la agilidad logística en sectores con producción “just in time”, es decir, que producen lo necesario, en el momento preciso y en la cantidad exacta.
“Tenemos un tema de imprevisibilidad, de volatilidad”, alertó, al pedir a empresas y operadores planificar escenarios y mantener un monitoreo “muy proactivo” de las negociaciones, a fin de evitar retrasos y afectaciones.
En este sentido, añadió que el impacto se sentirá con fuerza en la frontera, con mayores presiones a inspecciones vinculadas a seguridad, fentanilo y migración, que pueden disparar demoras, estadías y almacenajes, costos que no siempre se trasladan al cliente final, pero que pueden incidir de persistir los retos.
Además, advirtió que en mercancías perecederas o cadenas de frío, un retraso puede traducirse en pérdidas por caducidad.
En el plano interno, Masse ligó estos desafíos a cambios recientes en legislación aduanera —como la manifestación de valor electrónica— y a una “rigidización” del control que obligará a las empresas a digitalizarse.
Subrayó dos conceptos: “materialidad”, para acreditar que las operaciones ocurrieron con contratos, órdenes y evidencias, y “trazabilidad”, para demostrar paso a paso el uso de insumos importados temporalmente.
“Van a tener que demostrar paso a paso, ¿a quién compraron, cuándo se los mandaron, cómo llegaron (las mercancías), cuánto importaron, dónde almacenaron, cuándo lo embarcaron y cuándo salió del país?”, explicó.
Como medidas de mitigación, recomendó certificaciones como Operador Económico Autorizado (OEA) y CTPAT, además de atender rezagos en infraestructura y seguridad carretera, y simplificar trámites para sostener la competitividad del país como destino de inversión.
Además, recordó que estos temas estarán como eje principal en la agenda del encuentro logístico ‘The Logistic World Summit & Expo 2026’, programado para el 18 y 19 de marzo en el Centro Banamex de la Ciudad de México, donde además se debatirá el futuro tecnológico del sector.
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