En el marco del 88 aniversario de la Expropiación Petrolera, la presidenta Claudia Sheinbaum no solo conmemoró un hecho histórico: lo proyectó hacia el futuro. Desde la mañanera y posteriormente en Pueblo Viejo, Veracruz, dejó claro que la soberanía energética no es un discurso del pasado, sino una ruta estratégica vigente.
Con firmeza, la mandataria sostuvo que México avanza hacia una nueva etapa donde el fortalecimiento del Estado en materia energética es clave, destacando que el siguiente paso será incrementar la producción de gas natural y acelerar el desarrollo de energías renovables, sin abandonar el procesamiento del petróleo.
Pero este momento no puede entenderse sin el contexto histórico reciente.
Durante décadas, particularmente desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, las empresas del Estado fueron debilitadas bajo una lógica privatizadora. Se entregaron recursos estratégicos, se fragmentó la industria energética y se priorizaron intereses económicos de unos cuantos grupos que dominaron sectores clave del país, atentando directamente contra la soberanía nacional.
Ese modelo comenzó a revertirse con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien emprendió el rescate de Petróleos Mexicanos. La construcción de la refinería de Dos Bocas, la compra de Deer Park en Texas y la rehabilitación del sistema nacional de refinación marcaron un punto de inflexión.

Hoy, ese esfuerzo rinde frutos.
El hecho de que el evento conmemorativo se haya realizado en una planta rescatada por instrucción directa del expresidente no es menor: simboliza el regreso del control energético al pueblo de México.
La presidenta Sheinbaum lo dejó claro: México vive uno de sus momentos más sólidos en materia energética, con una empresa pública fortalecida, menor dependencia en combustibles importados y una visión integral que combina soberanía con sustentabilidad.
En la conferencia matutina, además, enfatizó que la soberanía energética implica no solo producir más, sino hacerlo con responsabilidad ambiental y planeación de largo plazo. Un equilibrio que busca responder a las demandas del presente sin comprometer el futuro.
El momento también tuvo una carga simbólica profunda.
La presencia del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Lázaro Cárdenas, no solo evocó el legado histórico de 1938, sino que se proyectó hacia adelante con su incorporación como presidente de la nueva Comisión Consultiva del Petróleo, un órgano que acompañará las decisiones estratégicas del sector.
Fue, sin duda, un acto cargado de memoria, pero también de dirección.
Se percibió a una presidenta segura, firme y satisfecha de los avances alcanzados, consciente de que la soberanía energética no se decreta: se construye con decisiones políticas, inversión pública y visión de Estado.
Hoy, a 88 años de aquel acto histórico que devolvió el petróleo a la nación, México no solo recuerda: avanza.
Y lo hace con una certeza renovada: que la energía, como la soberanía, pertenece al pueblo.

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Graciela Bravata (FOH)

