En el marco del Día Mundial del Agua, México avanza en la consolidación de un nuevo modelo de gestión hídrica con la implementación de la nueva Ley de Aguas, una reforma que busca ordenar, regular y recuperar el control del recurso más importante para la vida.
Este día, durante la conferencia matutina, el director general de la Comisión Nacional del Agua, Efraín Morales López, presentó avances clave que reflejan un cambio en la forma en que el Estado enfrenta el manejo del agua en el país.
Las cifras son contundentes:
más de 7,600 inspecciones realizadas, alrededor de 1,000 clausuras y suspensiones, y una estrategia directa para frenar prácticas históricas como la transmisión irregular de concesiones, el cambio ilegal de uso del agua y su comercialización indebida.
Uno de los puntos más relevantes es el combate a la especulación. Durante años, títulos de concesión fueron fragmentados y revendidos con fines de lucro; hoy, estos mecanismos están siendo eliminados para cerrar el paso al llamado “mercado negro del agua”.
También se han identificado casos graves de sobreexplotación y adeudos millonarios por parte de grandes usuarios, así como la extracción ilegal mediante pozos y la venta de agua en pipas sin autorización, prácticas que ya están siendo sancionadas con mayor rigor.
En paralelo, se reporta un incremento significativo en la recaudación por derechos de agua, con proyecciones que alcanzan los 37 mil millones de pesos en 2026, así como la conclusión de más de 9,500 trámites que benefician directamente a pequeños productores, ejidos y comunidades.
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Los cambios son relevantes. Hoy se fortalece la rectoría del Estado, se limita el acaparamiento y se reconoce el papel de los sistemas comunitarios, incorporando una visión más justa e incluyente.
México enfrenta una crisis hídrica que no solo se mide en leyes o sanciones, sino en la realidad cotidiana de millones de personas. La sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de ríos y la presión creciente sobre las fuentes de agua siguen siendo parte del panorama.
Uno de los grandes pendientes es la recuperación de cuencas emblemáticas como Lerma-Santiago, cuya problemática ambiental y social continúa siendo un desafío de gran escala. Estos temas, fundamentales para el futuro hídrico del país, requieren mayor visibilidad, inversión y continuidad.
A esto se suma un elemento clave que no puede quedar fuera de la conversación: la cultura del agua.
Más allá de la política pública, el país enfrenta un reto social profundo. El cuidado del agua aún no es una práctica arraigada en todos los niveles, y sin una transformación en la conciencia colectiva, cualquier avance institucional corre el riesgo de quedarse corto.
La Agenda 2030 ha trazado metas claras en materia de agua y saneamiento, pero su cumplimiento sigue siendo desigual, lo que hace aún más urgente fortalecer la acción conjunta entre gobierno y sociedad.
Hoy, México da pasos importantes en la construcción de un nuevo orden hídrico.
Un orden que comienza a cerrar espacios a la ilegalidad y a recuperar el sentido público del agua.
El desafío ahora es consolidarlo, ampliarlo y llevarlo a cada comunidad, a cada hogar y a cada decisión cotidiana.
Porque el agua no solo se administra…
se protege, se respeta y se valora.
Y en ese camino, aún hay mucho por hacer.
Por: Graciela Bravata

