En la mañanera de este día, la presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada por autoridades del sector salud, presentó la ruta de implementación del Servicio Universal de Salud, un rediseño estructural que busca articular las capacidades del sistema público bajo un esquema de interoperabilidad institucional.
El modelo plantea que la atención médica deje de estar limitada por la afiliación y pueda ejercerse en función de la disponibilidad real de servicios. Esto implica que unidades del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar operen de manera coordinada, compartiendo infraestructura, personal y equipamiento, con el objetivo de reducir tiempos de espera y ampliar la cobertura efectiva.
La primera fase se centra en la atención primaria: consultas para padecimientos agudos, acciones preventivas y prescripción de medicamentos desde unidades cercanas al domicilio de los pacientes. Este nivel de atención busca contener la demanda hospitalaria y fortalecer el acceso temprano a servicios médicos.
A partir de 2027, el esquema incorpora componentes de mayor complejidad: atención universal a urgencias, continuidad hospitalaria, servicios para eventos cardiovasculares y cerebrovasculares, atención a embarazos de alto riesgo, así como diagnóstico y tratamiento en áreas críticas como cáncer e insuficiencia renal.
En una segunda etapa, se habilitará el intercambio de servicios especializados entre instituciones, lo que permitirá canalizar a pacientes hacia unidades con mayor capacidad resolutiva, independientemente de su adscripción original.
La proyección hacia 2028 contempla la consolidación del modelo con tres ejes: surtimiento universal de recetas médicas, referencia directa a especialidades y hospitalización, y seguimiento integral de enfermedades crónico-degenerativas desde el primer nivel de atención.
Como base operativa, se iniciará un proceso de credencialización nacional, comenzando en abril con personas mayores de 85 años y avanzando de forma gradual por grupos de edad. Este instrumento funcionará como mecanismo de acceso al sistema y permitirá integrar la identidad del paciente con su historial clínico.
El componente digital constituye otro de los pilares del proyecto. Se prevé el desarrollo de una plataforma que concentrará expediente médico, resultados de laboratorio, recetas, citas y ubicación de servicios disponibles. Asimismo, incorporará herramientas de análisis y orientación médica asistidas por inteligencia artificial, además de esquemas de teleconsulta en regiones con limitada cobertura.
En paralelo, se informó sobre el avance de la estrategia nacional de vacunación contra el sarampión, orientada a contener la propagación del virus mediante la ampliación de coberturas, particularmente en población infantil y grupos sin esquema completo.
El alcance de esta reforma rebasa lo técnico y se inscribe en una definición de Estado. Integrar un sistema de salud para más de 130 millones de mexicanas y mexicanos implica reordenar capacidades, recursos y decisiones en un sector históricamente fragmentado. No se trata solo de ampliar cobertura, sino de redefinir la relación entre el ciudadano y el acceso a sus derechos. En esa dimensión, el Servicio Universal de Salud se coloca como uno de los movimientos estructurales más relevantes de este sexenio: su éxito no solo medirá eficiencia administrativa, sino la capacidad del gobierno para materializar, en la vida cotidiana, una transformación de alcance nacional.
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