Durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, presentó los principales puntos de la nueva estrategia antidrogas de Estados Unidos para 2026, un documento que refleja un giro político en la forma en que Washington enfrenta la crisis del narcotráfico y las adicciones.
Este nuevo enfoque en su política antidrogas marca un giro importante en la narrativa de seguridad y salud pública, al admitir que el modelo centrado únicamente en la contención y el castigo no logró frenar el crecimiento del consumo de sustancias ni la expansión de las organizaciones criminales.
La nueva estrategia plantea atender simultáneamente el combate a los cárteles, el tráfico de armas y precursores químicos, pero también fortalecer programas de prevención, tratamiento y recuperación de personas con adicciones.
Por primera vez, Washington reconoce públicamente la magnitud de su crisis interna de consumo de drogas. Las cifras oficiales señalan que más de 73 millones de personas consumieron drogas ilícitas de manera indebida durante el último año, mientras decenas de millones enfrentan trastornos por uso de sustancias o se encuentran en procesos de recuperación.
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El cambio de enfoque también implica aceptar que las políticas reactivas y exclusivamente punitivas no dieron los resultados esperados en las comunidades estadounidenses, por lo que ahora se impulsa una visión preventiva basada en salud pública, educación y atención temprana.
Dentro de esta nueva etapa, México aparece como un actor prioritario en la cooperación bilateral. El gobierno estadounidense plantea fortalecer la coordinación con autoridades mexicanas para combatir el tráfico de precursores, reducir la producción de drogas sintéticas y debilitar la capacidad operativa de los cárteles.
Otro de los puntos más relevantes es el reconocimiento del tráfico ilegal de armas desde Estados Unidos hacia México como un problema central de seguridad fronteriza. La estrategia admite que gran parte de las armas utilizadas por organizaciones criminales provienen del mercado estadounidense y que reducir ese flujo resulta clave para disminuir la violencia.
El plan contempla además campañas masivas de prevención en medios de comunicación, programas comunitarios y escolares, atención médica especializada, rehabilitación psicológica y mecanismos de reinserción social y laboral para personas en recuperación.
A ello se suma el desarrollo de modelos predictivos basados en datos para detectar patrones de consumo, identificar grupos de riesgo y emitir alertas tempranas ante posibles crisis por sobredosis.
El viraje ocurre en un momento de alta presión política y social por el impacto del fentanilo y las drogas sintéticas en Norteamérica, pero también refleja un reconocimiento de que la crisis no puede entenderse únicamente como un problema de seguridad, sino como un fenómeno profundamente ligado a la salud pública, el tejido social y la cooperación internacional.
Por: Graciela Bravata
