En su segundo día de actividades en Barcelona, la presidenta Claudia Sheinbaum supervisa los trabajos en el Centro Nacional de Supercomputación, donde opera la infraestructura que México utiliza como base para el desarrollo de su propia supercomputadora.
La visita no es solo técnica, es estratégica. México hoy aprovecha la capacidad de este centro —uno de los más avanzados del mundo— mientras avanza en la construcción de su supercomputadora nacional, “Coatlicue”, eje de la nueva política tecnológica del país.
Este proyecto forma parte de una visión más amplia presentada en la conferencia matutina: la creación de un ecosistema nacional de datos. En ese contexto, se anunció el despliegue de centros de datos en regiones clave como el Valle de México, Monterrey y Guadalajara, con una inversión estimada de 100 millones de dólares, complementada por el desarrollo de la supercomputadora nacional con una inversión cercana a los 6 mil millones de pesos.
Se trata de una apuesta integral que combina infraestructura física y capacidad de cómputo de alto nivel para posicionar a México en la nueva economía digital.
Estos centros estarán conectados al sistema de supercómputo y permitirán procesar grandes volúmenes de información para inteligencia artificial, análisis predictivo y toma de decisiones públicas.
Los beneficios son estructurales: anticipar fenómenos climáticos, mejorar la gestión del agua, optimizar la energía, fortalecer la seguridad y modernizar sectores clave como salud, movilidad y agricultura.
Además, el proyecto apunta a un objetivo mayor: que México deje de depender tecnológicamente del exterior y construya su propia capacidad científica y digital.
En este proceso, también se incorpora un enfoque responsable en el uso de recursos, particularmente el agua, mediante tecnologías de enfriamiento más eficientes que reduzcan el impacto ambiental.
La presencia de la presidenta en Barcelona confirma que México no solo observa la revolución tecnológica… la está construyendo.
Graciela Bravata
