Las instituciones educativas deben acercarse a las empresas y viceversa; y en Tabasco este vínculo no es discurso, sino práctica. La formación técnica con un alto componente práctico, ha permitido que cientos de jóvenes no solo egresen con conocimientos teóricos, sino con experiencia real. No es menor el dato, hay empresas donde más de la mitad de su personal proviene de instituciones con componente técnico, muchos de ellos incorporados desde sus prácticas profesionales.
Esto revela una verdad contundente: cuando la educación se alinea con las necesidades del entorno, los resultados llegan.
Pero el reto no termina ahí. Desde la CANACINTRA Tabasco se ha insistido en un principio básico: El talento local debe ser prioridad. No se trata de cerrar puertas, sino de abrirlas primero a quienes nacen, se forman y buscan oportunidades en su propia tierra. Porque una empresa no prospera en medio de una sociedad rezagada. El bienestar económico debe ser compartido o simplemente no es sostenible.
En este contexto, hablar de habilidades es inevitable. Hoy no basta con ser un buen ingeniero, contador o mercadólogo. Las empresas buscan personas capaces de trabajar en equipo, de comunicarse, de adaptarse y, sobre todo, de aprender constantemente. Las llamadas “habilidades blandas” son en realidad las más duras de desarrollar y las más valiosas en el mundo laboral.
Ahora bien, si Tabasco quiere crecer, también debe mirar con claridad hacia sus fortalezas. El estado posee tres grandes “oros”: el verde, representado por su potencial agroindustrial; el negro, vinculado al petróleo y la energía; y el azul, relacionado con su riqueza hídrica y ambiental. A esto se suma un cuarto eje emergente: el turismo, impulsado recientemente como una estrategia de diversificación económica.
La pregunta es obligada: ¿Qué estamos haciendo con estos recursos? Durante décadas, Tabasco ha exportado materia prima y ha importado valor agregado. Vendemos cacao y compramos chocolate; exportamos ganado en pie y consumimos carne procesada de otros estados. Esa ecuación debe cambiar. El futuro está en transformar, innovar y generar cadenas de valor desde lo local.
Aquí es donde las nuevas generaciones tienen una oportunidad histórica. La tecnología, lejos de ser una amenaza, es una aliada. La inteligencia artificial, los drones, la automatización y el comercio digital están al alcance de cualquier joven con iniciativa. Pero hay una condición: usarlas con criterio, ética y propósito, porque la tecnología sin pensamiento crítico no dará los resultados que necesitamos.
El mensaje es claro, Tabasco no carece de talento ni de recursos. Lo que necesita es coordinación; autoridades, empresas y universidades deben de trabajar en conjunto. La vinculación no puede ser un evento ocasional, debe ser una política permanente.
Corresponde a todos, sector público, privado y sociedad, asegurarse de que ese talento no se desperdicie.
Porque al final, el desarrollo de un estado no se mide solo en cifras económicas, sino en la capacidad de ofrecer oportunidades reales a su gente. Y en esa tarea, la educación y la empresa, deben caminar del mismo lado. JUNTOS SOMOS LA FUERZA DE LA INDUSTRIA Y LA FUERZA DE TABASCO.
